Localidad: Cienfuegos
Si el mar no existiera, Cienfuegos no sería Cienfuegos. Pero el mar está ahí, haciéndole la corte día y noche, enamorado fiel de la península de Majagua, como un apacible lago enamorado, que el alba y el anochecer suele presentar una magnificencia azul-dorada. Cienfuegos -antes Jagua- tuvo sus colonizadores españoles y sus fundadores franceses; pero antes acunó en sus aguas mansas a sus aborígenes siboneyes y taínos del antiguo cacicazgo de aquel nombre, en las riberas de esta espléndida bahía de ochenta y ocho kilómetros cuadrados del centro-sur de la isla de Cuba. Primero fueron los siboneyes, inmigrantes amazónicos salvajes llegados a Cuba a través del puente de las Antillas Menores, con su cultura mesolítica de concha, dependientes del caracol y pequeños moluscos para su base alimentaria y su ajuar. Después los taínos, ceramistas, artesanos textiles, fabricantes de hachas petaloides e ídolos fálicos, asientos, y ralladores de yuca, que invadieron y sojuzgaron al siboney. Los que pudieron escapar -varios con alguna taína- se afincan en los mares del norte y sur del centro de la isla y dan origen al cacicazgo de Jagua. No abandonaron aquí su quehacer de pueblo marinero, navegante, constructor de enormes canoas, tallador de piedras y dibujante de petroglifos indescifrables aun para la ciencia moderna. Nos dejaron, junto con las huellas de sus utensilios de uso humano y los ritos funerarios, sus leyendas. Estas fueron incluso agradables para el conquistador europeo que interrumpe el ciclo vital siboney. Fuente: Radio Ciudad del Mar, Cienfuegos. Cuba.
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