Historia del café cubano
Según la leyenda las primeras en conocerlo fueron unas cabras etíopes, que lo mostraron a su pastor, quien a su vez lo presentó a su abad, el que, sin pensarlo dos veces, comenzó a buscarle su utilidad. Y así nació el café, probado por unas cabras, descubierto por un pastor, tostado por un abad y celebrado por unos monjes... de Etiopia al mundo. A Cuba llegó en el siglo XVIII, de la mano de Don José Gelabert, quien fundó en el Wajay, en las afueras de La Habana, el primer cafetal de la Isla en 1748, con semillas provenientes de Santo Domingo, actual República Dominicana. Sin embargo, su generalización no ocurrió hasta después de 1791 cuando se produjo en Cuba una avalancha de haciendas cafetaleras con la llegada de colonos franceses que provenían de Haití, debido a la revolución en ese país. Cuba posee la mayor cantidad de ruinas de haciendas cafetaleras con valor arqueológico en todo el mundo, muchas de ellas en buen estado de conservación y enclavadas en zonas que han sido declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Para los cubanos, el café es parte inseparable de la identidad y cotidianeidad de sus gentes, no hay mañana que augure un buen comienzo si no esta acompañada de un traguito del néctar negro; el amanecer en esta isla se impregna del fuerte aroma del café que acompaña la salida del sol y el inicio de la jornada. Fuente: Por Airam Fernández Casas - Radio Cadena Agramonte
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